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¿Pero qué hacer de veras en Saltillo, en el mero Saltillo? Muchas cosas, pero si tienes hambre, suficiente dinero, pero, sobre todo, buen gusto vas a La Casa del Caballo. Cuando lo conozcan, si lo llegan a conocer, verán que esto no es un anuncio: no necesita publicidad ni la necesitará. Benditos ellos.

Comenzó como la forma más elemental de convivencia norteña, pilar de esta sociedad: una carnita asada entre amigos. “El Caballo” escogía la carne, ora un lomo de cerdo, ora un costillar, luego el que le latía. Le salían tan buenas las comidas, había tan buen ambiente que le comentaron: ¿por qué no haces un negocio de esto?

En La Casa no hay menú, tampoco hay precios. Te dan lo que te ese día se le ocurre a este genio. Y te siguen sirviendo hasta que te revienta el elástico de los pantalones o se acaba la comida. La cuenta es un estimado, siempre justo pero variable como la moneda húngara al final de la 2a Guerra Mundial.

Buen provecho.