Foto de Sindy Salas.

Nancy
Nació en el vecino estado de Durango, de donde emigró para estudiar Diseño Gráfico en la Ibero Torreón, Coahuila. Ya en la universidad conoció a Pablo (Mercado, Webscout 2, miembro del grupo de animación en Grupo W) con el cual, saliendo de la carrera, formó una empresa de diseño, la cual cerraron tan pronto como se enteraron de que se le había extendido una invitación a Pablo para entrar a esta escuela. “La crisis ayudó bastante en esa decisión”, se sincera (algo que no le cuesta ningún trabajo).

Además de sincera, Nancy es alegre. Bailotea y salta. Dice que canta, pero en realidad emite sonidos desgarradores, dolorosos.

Lo que más la cambió de la escuela, dice, fue el rigor que se vive en ella: “Para una tarea de Diseño Web, Bruno nos pidió algunas referencias. Escogí una que me pareció bien chingona. Cuando Bruno la vio nos dijo que no era buena, que viéramos los detalles, la congruencia en su diseño. Poco a poco se nos fue revelando lo que quería decir”.

Terminando la escuela me invitaron a trabajar en Grupo W; Mike (Miguel Calderón) me dijo que soy como ilustradora, animadora y diseñadora, que ése era mi puesto.

Robert
El caso de Roberto, el único saltillense que entró al Webscout 3, fue extraño. Cuando vimos su portafolios nos invadió un aspecto subjetivo que casi nos desvía del camino principal: A un par de profesores no les parecía que su fotografía personal fuera el foco principal de su portafolios, el cual, por cierto, tenía una buena presentación armada en After Effects. Aún con la duda, lo mandamos a llamar para una entrevista. Ese hecho, el no sentirse legítimamente invitado, nos lo dice ahora, le afectó en dos maneras: Por una parte, sintió cierta inseguridad con los profesores y los demás alumnos, por la otra, le sirvió como aliciente para esforzarse más, para demostrar(se) su calidad.

Historia:

La escuela está montada en una casa que tiene unos 70 u 80 años de construida. Sus cimientos son de madera. Como la mayor parte de las casas viejas, tiene sus achaques y sus fantasmas. Cierta noche en que trabajaba horas extras en el laboratorio, Roberto Licea se sintió cansado, aturdido; fue a dar una vuelta. Estaba solo, o por lo menos es lo que él creía: bajando las escaleras que dan al área de computadoras, claramente vio a una persona, le gritó, nadie le respondió. Pálido, recorrió la casa, prendió todas las luces. Se distrajo trabajando, consciente de una respiración que le erizaba, de vez en vez, la nuca. Cuando nos contó esto, no nos atrevimos a decirle que cuando cambiambiamos el piso del acceso de la escuela encontramos un par de lápidas, dos documentos pétreos de gente que había fallecido durante la construcción de la casa, hacía más de 80 años.

Pero la suerte viaja en rueda de la fortuna, y para cuando terminó el curso se abrió la plaza de editor de video. Roberto, pronto el muchacho, alzó la mano. Y está trabajando en W… de animador.

A veces, desde la ofina de la escuela que da a Grupo W, lo vemos caminando hacia sus labores. Con curiosidad vemos que cuando pasa al lado del laboratorio de la escuela saluda secretamente a alguien, a algo. Y se persigna.

Rubén (aka Pingolito)
El pasado 16 de abril nuestros amigos de Toctoc nos invitaron a una de sus ya clásicas Noches, que se celebran en el Art. Además de la charla sobre un proyecto de Grupo W, se convocó a una revisión de portafolios creativos tras la cual, prometimos regalar una beca al mejor de éstos. Ese premio le correspondió al Pingolito, quien ese mismo día viajó de San Luis Potosí a Monterrey, asistió a su revisión, luego a su respectiva premiación y se regresó.

Algo que nos dijo Rubén sobre su estancia: “Aprendí algo que no sabía muy bien, fue a aterrizar ideas, trabajarlas y desarrollarlas. La diferencia entre el mundo real y la escuela,  es que en ésta tienes la libertad de llevar al cabo un proyecto en el que varias personas concuerdan en sus ideas, se juntan y lo llevan acabo, con la diferencia que el cliente eres tú mismo y te da la libertad de experimentar”.

Pingo fue uno de los ilustradores residentes de Sketch or die, el proyecto escolar que duró 48 horas seguidas. Cuenta que ya dentro de las últimas 36 horas se sentía extremadamente cansado, pasaban rachas donde ya no pensaba nada, y esto se reflejaba en su trabajo: descubrió que sobre las ilustraciones iba agregando palabras sin sentido y al azar. Luego, comenzó con un periodo agresivo, pero sus compañeros lo tranquilizaron.

Aldo

Aldo, como ya se cree muy grande hizo su propia entrevista:

“Me enteré de la escuela por una conferencia en el congreso “Dejando Huella”, en Querétaro. Dani (Granatta) Nos platicó el espíritu de Digital; de inmediato quise ser parte de esa idea. En ese momento estaba muy fresco el tema respecto al iPad que no soportaba Flash, entonces hice una imagen fake del sitio de Apple, donde gráficamente se expresaba lo que había dicho Steve Jobs acerca de que Flash era una basura. Lo subí a mi Flick y lo anuncié por Twitter pero no tuvo mucha difusión; después empece a meterme en el debate y a defender la idea porque sentía que era buena y que podía gustarle a los demás. Solamente el día que lo lancé  hubo 2400 visitas únicas y tuvo varios posts en distintos blogs de tecnología; básicamente lo que hice fue que no se rindiera mi idea y poder distribuirla”.

“Envié un correo a la escuela explicando cómo me había surgido esa idea y un cuáles eran mis intereses. Lo mandé con la aseveración de que prefería entrar a D.I. mostrando quién soy y hacia dónde quiero ir, que mostrar todo el pasado que tenia con respecto a proyectos y cosas que había hecho buenas pero que no sentía que eran mías”.

“Tengo 29 años, y sí era de mayor que los demás. Creo que cuando eres más grande ves las cosas de manera diferente: a veces uno piensa que este tipo de oportunidades no las valoras tanto porque puedes tomar el curso como si fuera un curso de verano o como si fueran vacaciones. Para mi fue una muy buena oportunidad de de aprovechar a gente de la mas talentosa que hay en el país en publicidad digital y no echar eso en saco roto, es algo muy valioso y a veces uno no se da cuenta de la magnitud del talento que tiene y no lo sabe aprovechar. Por otra parte, cuando uno va creciendo se le quitan las ganas de arriesgarse y de hacer cosas locas o tontas, esta época es para poder experimentar, echar a perder lo mas posible, cometer errores y aprender de ellos”.