Rafa Castillo

Siempre he creído en las señales, en encontrar esas cosas que se atraviesan por la vida, y que nos dictan por dónde ir si estamos dispuestos a identificarlas y arriesgarnos. A Digital Invaders llegué así. Renuncié a mi trabajo donde había estado casi 3 años, y en menos de 2 semanas me encontraba viviendo en Saltillo, con mi finiquito y algunos ahorros. No tenía idea siquiera que iba a hacer a ciencia cierta, ni donde viviría, ni nada de eso. No me importaba. Estaba contento por esa aventura.

Personalmente, fue un curso a momentos difícil para mí, sobre todo en el plano emocional, pues tuve la experiencia en un momento de mi vida previo a muchos cambios que aún sigo viviendo y afrontando. Al final, habíamos llegado ahí a aprender. Enfocarse en el trabajo, en no dejar morir nuestras ideas y defenderlas, nos valió ganar un Ojo de Iberoamérica para la escuela con un proyecto que casi se queda en el olvido. Nos ayudó a demostrar que éramos más de lo que en un inicio se llegó a pensar de nosotros. Digital Invaders tiene algo muy especial, una especie de aura mágica que cuando enamora, genera cosas increíbles. Es difícil de explicar “eso”. Y aun así, lo veo presente en los proyectos de sus alumnos, en la pasión de sus historias, en las pláticas y convivios con invaders de ayer y hoy, en las amistades. Pero sobre todo, lo veo en muchos de los corazones que entran a esa casa de pisos colorados. Seres con una enorme calidad humana que lo mismo te invitaban a una parrillada, te ayudaban con las dudas que llegaras a tener a la hora de programar, compartían ideas, historias, opiniones, o de menos te cuidaban cuando te pasabas de copas en las frecuentes y épicas fiestas que los invaders armaban. En Digital Invaders uno aprende de todos. De la gente de Grupo W. De tus compañeros que varios se vuelven sumamente cercanos en el corto tiempo que pasas ahí. Vaya, hasta de mis caseros me llevé cosas. Son cuatro meses que pueden cambiarte la vida en formas insospechadas a través de un bombardeo constante de experiencias.

A raíz de Digital Invaders, me han pasado muchas cosas. Entré al mundo de agencias digitales, donde me siento nativo, haciendo arte y creatividad para diversos proyectos. Hice nuevos contactos profesionales y varios nuevos amigos que conocí a través de la escuela. La sensación de que en muy poco tiempo, la escuela y sus egresados serán reconocidos como un parteaguas en la industria publicitaria-digital en México y Latinoamérica es muy fuerte. Formar parte de algo así es increíble y especial.

Muchos de los aprendizajes a nivel personal que tuve en la escuela han resultado en lecciones que hoy me están haciendo una mejor y más feliz persona. Difícil no llevarse algo profundo de una escuela que pone recursos como tiempo, dinero y esfuerzo, no por negocio, sino por amor. Eso es algo difícil de digerir para muchas personas. Y a la vez no, una vez que conoces a la gente que lleva adelante este increíble e inspirador proyecto educativo.

Gracias por dejarme ser parte de esta aventura.

Felicitaciones por las primeras diez generaciones. ¡Que vengan otras diez más!

Rafa Castillo
Director de arte – Kansei Lab