El día de hoy llegué a mi “módulo secretarial” y prendo mi computadora sólo para recibir una noticia sumamente lúgubre. El fundador de Digital Invaders Rubén Ruiz “Raji” falleció esta madrugada.

Creo que más que decir que era una gran persona y lo mucho que lo estimamos, vale la pena aclarar porque toda la industria creativa se ve conmocionada por esta pérdida. La ausencia de Rubén, hoy quiero llamarlo así, no sólo es la falta de una de las mentes más geniales y auténticas, en mi opinión, es la pérdida de un símbolo. Por su participación como pionero dentro de dos de los proyectos educativos más importantes del país en la industria. Por trabajo como creativo independiente. Por su ojo crítico y agudo para tomar creativos y declararlos como tales antes de que ellos siquiera tuvieran idea de que estaban hablando.

Rubén tenía su propio centro de gravedad, esa capacidad de atraer y hacer girar las cosas a su propio ritmo. Tenía la capacidad de transformar su entorno, darle ese toque bohemio, subversivo, poético, melancólico…incluso histórico. Cuando platicabas con él daba la sensación de que algo muy grande estaba pasando. En lo personal disfrutaba mucho su discurso de artista en el ocaso, aunque en el fondo estaba la vitalidad de quien en plena conciencia de que todavía le quedaba mucho mundo por recorrer, hacía planes para desaparecer durante un mes y reaparecer con la historia más retorcida que puedas escuchar.

Yerbert Von Lupito era sin duda la mejor parte de mi timeline. Su uso de la retórica perfectamente mezclado con la ironía intimidan a cualquiera. La referencia publicitaria se besa con el suceso mas pueril en los comentarios de Rubén. ¿Cómo no sentirse inspirado por eso?, ¿Cómo no sentir el vacío de saber que no lo leeremos más?

A partir de este punto contemplaré en la macrovisión de la historia cómo se gesta el mito de “Raji”. Me siento honrado porque pude ver parte de la historia y ahora veré como se alimenta la leyenda de cada una de esas anécdotas perdidas, las novias olvidadas en los puertos y los abrazos tatuados en los pechos de quienes como yo tuvieron un momento con Rubén.