Después de un tortuoso proceso, Naoki Ito llegó el sábado 21 de noviembre a tierra mexica. Tras descansar su viaje de 16 horas de Japón, sumando un jetlag de más de medio día, lo llevamos a los condeseros tacos de El Califa, sin duda los mejores -y más caros- tacos del DF. Luego, lo hicimos sucumbir ante la espirituosidad del mezcal reposado y la potencia del blanco. Su próximo destino fue el Tropicana, salón de baile caliente en las meras puerta de Garibaldi. En tropicoso lugar dio sus primeros pasos de salsa; más tarde diría que tanto ese lugar, como la plaza Garibaldi y las luchas de la Arena Coliseo representaban la esencia de México.

Domingo era y Naoki, con dejos de una pequeña cruda probó otra de las esencias del país: consomé y barbacoa:

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La fuerza que le otorgó ese caldo resacoso fue suficiente para impulsarlo hasta las vetustas pirámides de Teotihuacán, guiado por el buen Miguel let me tell you, Naoki, donde entonó el ancestral grito de batalla guerrero:

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Pero aún nos faltaba un reto mayor: subir la pirámide del sol cuya punta guarda la vibra de generaciones de mexicanos antes de llamarse así, energía primaria de una ciudad tumultuosa que brincó, cientos de años después, a varios kilómetros y formó la segunda capital más poblada del orbe. Pero para dicha hazaña, resultaba necesario convertirse en animal, a lo que procedimos:

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Pero era domingo de luchas en la Arena Coliseo, donde inmediatamente fue flechado por la hermosa Dark Angel, y, secretamente, por la personalidad de Máximo, que es mil veces más figura que el automático ganador Místico (¡bruto!).

Si bien el proceso de Naoki había sido tortuoso, digno de paciencia de un maestro zen con grado job, nada nos había preparado para presenciar una de las peores producciones de las que se haya tenido noticia en la historia de la ¿publicidad? mexicana. Tal fue el resultado que a uno no le quedaba sino preguntar: ¿para qué carajos traemos a estos maestros si no tenemos alumnos?

Con la moral de un mexicano después de haber fallado los 5 penalties ante EU en una final de Copa del Mundo (aunque nosotros, en nuestro papel de patrocinadores del talento, no debíamos cargar esa culpa), llevamos a Naoki a Saltillo. Un accidentado aterrizaje en el aeropuerto de Monterrey, que le hizo soltar al capitán un: “Gracias por sobrevivir con nosotros, Aeroméxico les desea una…”, recibió a Naoki en Saltillo, donde le esperaba una verdadera producción, de cual obra copia en DVD, copia que está en proceso de subtitulaje y edición y se regalará a todo mundo, sobre todo a la gente que asistió a la versión del DF. Noticias sobre esto, la próxima semana.

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Pero, al final de todo, ¿qué nos deja Naoki? Además de sus campañas conmovedoras y divertidas, además de un tipo valiente que vino a probar todo, quedó la experiencia de un gran ser humano, simple y sobre todo paciente, que conserva intacta la capacidad de asombro de un niño feliz. Todas esas actitudes que contrastan con un buen número de personas que abundan en todas las áreas de la publicidad en México, sinceramente, empezando por uno.

Dos videos con los trabajos de Naoki, enjoy:

Love Distance

Helicopter Boyz