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Ya en un post anterior comentábamos sobre la sana locura del buen Carlos Abedrop, quien trasladó sus míticas parrilladas a un restaurante único en su género. Para muchos es la versión saltillense del Soup Nazi del magnífico Seinfeld, para otros es un viaje a través de una dedicación al detalle, desde los taquitos de chicharrón hasta los dedos de novia, pasando por una estupenda salsa de habanero, cebolla morada, aceite de oliva y mango.

Tuvimos la suerte de que Carlos visitara la escuela en ocasión de la fiesta de inauguración de las nuevas oficinas de Grupo W. Le dimos un paseo por las instalaciones y conmovido por el proyecto educacional de W, nos dejó un mensaje en botella que nos tronó un par de días después. Y nos donó, sin más ni más, esto:

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Gracias Caballo.